Se me hace un poco extraño volver a iniciar algo como esto y sobre todo con un título que nada asemeja a un comienzo. Sin embargo, la oportunidad parecía la perfecta para retomar un hábito que ya había dejado —varios años atrás— por razones que ni yo misma recuerdo con exactitud.
Y vaya que una estancia en Europa se pinta como el perfecto y quizá clicheado —en alguna especie de "ideal"— escenario para iniciar un blog: Un cambio de aires a todos nos sienta bien.
Y vaya que una estancia en Europa se pinta como el perfecto y quizá clicheado —en alguna especie de "ideal"— escenario para iniciar un blog: Un cambio de aires a todos nos sienta bien.
De ahí que el título cobre sentido, es el noveno día desde que llegué totalmente desorientada a estas tierras y dice quizá demasiado sobre mi no haberlo iniciado apenas llegué o perder el primer día del mes para tener algo de consistencia —inconsistencia consistente, pues—.
Francamente la idea de retomar lo del blog llegó por la nostalgia y la curiosa coincidencia de haber encontrado mi antiguo blog, por allá del 2012, cuando el profesor de una materia nos dejó como tarea crear uno. De entradas muy pocas y más de la mitad carecen de algo más rescatable que una sonrisa. Y ciertamente, llevaba años sin una especie de diario, dejando que mis propios pensamientos —que la verdad, tampoco son lo más interesante— se perdieran y algunos quedaran dispersos por twitter. Esa idea romántica de tener una libreta especial donde plasmar a puño y letra lo que puebla mi cabeza y mis vivencias siempre terminó arrinconada gracias a la pereza.
Poco más de una semana desde que aterricé en España, tras unas terribles horas en el aeropuerto —juro que los aeropuertos se sienten como algo totalmente aislado hablando espacio-temporalmente, hay algo irreal en ellos— y un día completo de jetlag donde lo único que sabía era que estar despierta era la peor idea del universo. No sé si es porque aún no me acoplo del todo o por qué siento que llevo un poco más que sólo nueve días.
Tal vez necesito sumirme más en la rutina —conseguir amigos de mi edad, seguir asistiendo a más clases, conocer más la ciudad— pero no perderme en ella, mi estancia aquí al final no será tan larga como ahora pueda parecer, o eso es lo que al final busco. Para mi suerte el tamaño es perfecto, como dijo Elena, la dueña de un piso en alquiler: "Es lo suficientemente pequeña para estar cómodo pero al mismo tiempo lo suficientemente grande como para no ser aburrida". Eso es lo que necesito, acoplarme por completo a todo lo que está pasando y sobrevivir de un modo u otro. Hasta ahora, la suerte —aunque caprichosa— siempre termina quedándose conmigo y parece ser que las personas amables orbitan cerca de mi —la taza de té de vainilla a mi lado, que la casera me obsequió, es la prueba de ello—. Punto a favor.
Nueve días y apenas una entrada un tanto desordenada y ambigua para dar comienzo al blog, espero la próxima vez tenga algo más concreto que escribir, aunque hay algo en esta clase de vómito verbal que me produce sosiego y me recuerda un poco a esas incoherencias que redactaba cuando más pequeña. Hola, yo de hace varios años, ¿recuerdas que dijiste no volver a escribir una especie de diario? Te tengo malas noticias...







0 comments:
Post a Comment